Conferencia de Antonio María Cabrera sobre las Minas de El Soldado

El pasado mes de septiembre de 2016, dentro del XI Congreso Internacional de Historia de la Minería celebrado en Linares, el profesor Antonio María Cabrera protagonizó la conferencia “La adquisición de El Soldado por la Peñaroya: crónica de uno de los mayores pelotazos en la historia de la minería española”.

Ahora tenemos la oportunidad de disfrutar en video de esos veinte minutos que arrojan luz sobre una parte importante de nuestra historia:

Albert Cartagena presentará el próximo fin de semana en Expotren la maqueta de la estación de El Soldado que lleva construyendo durante años

Al final, después de mucho tiempo, Albert Cartagena Valls ha terminado de reproducir la estación de El Soldado, un sueño en el que lleva trabajando varios años. La maqueta la presentará los próximos días 11 y 12 de marzo en Expotren, Salón del ocio ferroviario que se celebra en Lleida y que es “el más importante que se celebra en España”.

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La línea de Fuente del Arco, Peñarroya Puertollano, en la que se sitúa la Estación de El Soldado, fue explotada por la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya (SMMP). Para la realización de la reproducción, Cartagena ha construido 4 módulos de 75 x 40 cm. en vía métrica basados en las Normas modulares CTMS–H0m. Según sus palabras, ha “intentado ser lo más fiel a la realidad” basándose “en los últimos tiempos de la línea cuando los servicios estaban servidos por los automotores Billard”.

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De este modo, el que circula por la maqueta está fabricado en latón por el artesano José Félix Arroyo. Los vagones son de la desaparecida casa Jocadis, aunque los continúa comercializando el taller Saroulmapoul en Bélgica. Todos los edificios están medidos in situ y a base de fotos antiguas, ha “intentado reproducirlos lo más exacto posible”. Cartagena, en este sentido, asegura que “han sido muchas horas de medidas sobre el terreno” y que, además, al vivir fuera de la zona, siempre le faltaban medidas que tuvo que tomar “en el próximo viaje”.

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El primer módulo corresponde a los terraplenes que conducen el acarreo mecánico desde el pozo Luisa al lavadero pasando por el puente que cruza la línea y la caseta que hay en el lado de Peñarroya. Así, para reproducir el puente del que sólo quedan las bases, se ha basado en los que hay en el resto de la línea y dentro de los Cercos Industriales siguiendo el estilo de Peñarroya. La compañía SMMP “tenía un sistema de construcción de estilo francés y muy repetitivo”. A este respecto, Cartagena agradece a J.A. Torquemada “la ayuda prestada y la investigación de cómo podía haber sido el puente”.

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La valla del cerco está hecha con cartón pluma de 5 mm. forrada de Redutex, que imita las piedras, por las dos caras. El acabado del cerco está hecho con una tira de Deprom de 3 mm imitando losas de cerámica y rematado con una tira de teja árabe. La tierra la ha traído de la zona “para lograr un parecido mayor”. Así, el segundo módulo, reproduce el que iba de la caseta de entrada en el lado de Peñarroya hasta el muelle de la estación de El Soldado. La vía que sale hacia la izquierda, aunque ya no existe y queda tan sólo la trinchera, se sabe que iba a un almacén que tenía S.A.V. (Sociedad Anónima de Vizcaya).

A mano derecha se ve otra vía fuera de servicio que iba al lavadero del Cerco. En el estrecho andén están preparados para su embarque algunos sacos de patatas que se acaban de recolectar de los campos próximos a la estación. En los muelles de carga del almacén de la estación se puede apreciar el trajín de camiones y mercancías que van y vienen en el ferrocarril.

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En el tercer módulo encontramos la Estación y todos sus complementos. En un lado, se encuentra el depósito de agua. Frente al depósito y entre la vía de paso y la de cruce, está la aguada y al otro lado la carbonera. En la actualidad, sólo existe el depósito ya que la aguada ha desaparecido completamente y de la carbonera sólo quedan los cimientos. La vía que pasa más cerca de la estación se utilizaba para poder descargar los vagones de carga en el almacén. La vía del centro era la de paso y la vía más cercana al Cerco era para los cruces.

El edificio de los retretes tampoco existe actualmente, pero Cartagena ha colocado una copia del que hay en la estación de Alcaracejos-Villanueva que todavía existe, ya que, según sus palabras, “la estación la compró un vecino y la está manteniendo, dentro de lo que cabe”.

Para subir al Cerco existen unas escaleras de ladrillo visto al estilo Peñarroya. Cerca de esta escalera está la entrada de la vía que iba hasta la central eléctrica. Al otro lado, por encima de la carbonera hay un campo con un chaparro que en la actualidad todavía se cultiva.

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En el cuarto y último módulo del que se compone el conjunto de la estación de El Soldado se puede ver la carretera que va de Villanueva del Duque al conjunto de minas de las Morras, al pozo Luisa, a la casa de los guardas y también a la propia estación. Junto a la vía hay un par de eucaliptos y una caseta en la que vive el guarda barreras y guardagujas. Desde este punto, también sale el acceso al Cerco y a las escuelas que estarían fuera de los módulos.

Finalmente, Cartagena quiere ofrecer su más sincero agradecimiento a Antonio Cabrera; Blog “la Maquinilla”; Foto Juan Antonio, Pozoblanco; Gabriel Molero; Jean-Pierre Moreau; José Antonio Torquemada; José Félix Arroyo; Juan Félix (e.p.d.); Julio López; Manuel García Cano; Miguel Barbero; Pepi Gómez y a todas las personas que, en algún momento, se han interesado por el proyecto.

D. Francisco Vigara desvela en su libro “Misterios de la Ermita de la Virgen de Guía” los enigmas descubiertos en sus más de 60 años de labor pastoral en Villanueva del Duque

Si de algo puede presumir D. Francisco Vigara, actual rector de la Ermita de la Virgen de Guía, es de poseer una memoria prodigiosa. A sus noventa años y después de ejercer su ministerio como párroco en Villanueva del Duque desde el año 1952, ha decidido compartir en el libro Misterios de la Ermita de la Virgen de Guía todos los enigmas que, según cuenta, “invadieron su curiosidad desde que llegara a la localidad y entrara por primera vez por el umbral del Templo”.

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Aunque la idea de escribir un libro como éste, que vio la luz el pasado 17 de agosto, llevaba más de cincuenta años gestándose en su mente, el párroco ya jubilado, asegura que “la necesidad de sentarse a escribir” no le llegó hasta el año 2000. Durante los más de dieciséis años que nos separan de aquél inicio, han sido muchos los comienzos sin finales, tanto que según Vigara hace dos años y medio estaba “tan harto de escribir” que tuvo la tentación de “tirar la toalla y quemarlo todo”.

En este sentido, se emociona y relata que alguien muy cercano cuando le comentó lo que quería hacer le dijo: “que no se lleve la tumba, lo que debe saber la gente”. Al parecer, fue esa frase la que le hizo recuperar las fuerzas y hacer de sus notas una realidad como Misterios de la Ermita de la Virgen de Guía. En sus más de 180 páginas, aunque no se sustenta de forma estricta en datos históricos, Vigara desvela las conclusiones a las que ha ido llegando sobre los orígenes de la Ermita y de su altar mayor; del hallazgo de las tallas románicas del siglo XIII; y sobre las reformas y tareas de rehabilitación que ha sufrido el Templo hasta lograr su imagen actual.

Una ermita, una imagen y cinco pueblos. Miles de fieles a los que les une su ferviente devoción por Nuestra Señora de Guía. Un cura, varios descubrimientos y una deuda pendiente: “la de compartir con sus convecinos todos los hallazgos encontrados en la Ermita durante su labor pastoral”. Aunque la publicación sólo se ha presentado en Villanueva del Duque, D. Francisco Vigara la presentará en los próximos meses en Hinojosa del Duque, Fuente La Lancha, Dos Torres y Alcaracejos; pueblos que, junto a los villaduqueños, comparten, veneran y cuidan a la Santísima Virgen de Guía.

La iniciativa de lanzar al mercado la publicación, según Vigara, es toda suya. Ha realizado la inversión “con mucho esfuerzo”, pero espera poder destinar los beneficios a “seguir mejorando la Ermita y sus alrededores”. El libro Misterios de la Ermita de la Virgen de Guía, ya está a la venta en el Museo Parroquial y en la Papelería-Librería Olivetti de Villanueva del Duque; asimismo, se puede consultar en las oficinas del Ayuntamiento.

Francisco Vígara nace el 18 de febrero de 1926 en Castuera, Badajoz. Terminada la Guerra Civil nace su vocación sacerdotal, entrando en el seminario en 1940 y siendo ordenado el 17 de junio de 1951 en la Santa Catedral de Córdoba por el Obispo de la diócesis, Fray Albino González Menéndez-Raigada. En el mes de julio de 1951, el Señor Obispo le nombra para sustituir al Capellán del hospital de la Cruz Roja de Córdoba. Tres meses después, tomó posesión de la parroquia del Apóstol Santiago de Malpartida de la Serena en la que permaneció hasta finales de julio de 1952.

El 2 de agosto de 1952 llega finalmente a la Parroquia de San Mateo Apóstol de Villanueva del Duque, siendo éste su segundo y último destino. Desde entonces y hasta su jubilación, desempeñó su labor sacerdotal en un pueblo que, según sus palabras, lo acogió desde el primer día con “gran cariño” y en el que ha estado siempre al servicio de sus fieles. En la actualidad, ejerce como rector de la Ermita de la Virgen de Guía.

De Lucía Suárez para villanuevadelduque.com

 

Villanueva del Duque rescata la tradicional fiesta de la Santa Cruz después de más de veinte años

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Por iniciativa de nuestro vecino Don Emiliano Quebrajo y de la Asociación de Mayores “Virgen de Guía”, dos han sido las cruces que se han engalanado para celebrar hoy, 3 de mayo, el Día de la Santa Cruz (día en el que Santa Elena encontró la verdadera Cruz de Cristo en Jerusalén).

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De este modo, la Asociación de Mayores “Virgen de Guía” ha expuesto la Cruz en el interior del Hogar del Pensionista, mientras que Emiliano Quebrajo ha engalanado la Cruz del Cerrillo, poniendo a sus pies una imagen de la Virgen de Guadalupe, una Cruz de Caravaca y un candelabro traído de un viaje que en el año dos mil realizó a Jerusalén. Según cuentan los impulsores, todo nace de la iniciativa de rescatar una tradición que se perdió en Villanueva del Duque hace ya más de veinte años.

Según cuenta la leyenda, el Emperador Constantino creía imposible, dada la magnitud del ejército, la victoria frente a los bárbaros a orillas del Danubio. De esta manera, una noche Constantino tuvo una visión en la que en el cielo se le apareció una resplandeciente Cruz y, encima de ella, unas palabras: “In hoc signo vincis” (Con esta señal vencerás). Tras ello, construyó una cruz y la puso al frente de su ejército logrando vencer a pesar de la dimensión de los bárbaros.

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Al regresar a la ciudad, Constantino se hizo bautizar en la religión católica y mandó a edificar Iglesias. Al mismo tiempo, mandó a su madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo. Allá en el monte, donde la tradición situaba la muerte de Jesús, encontraron tres cruces ocultas. Para averiguar cual de las tres era la verdadera, las colocaron sobre enfermos que sanaron al ser tocados por la Cruz de Cristo. De esta manera, Santa Elena murió rogando a todos los que creen en él que celebraran el día en el que fue encontrada la Cruz, el 3 de mayo.

Entorno a ambas cruces los vecinos de Villanueva del Duque han rezado un Santo Rosario. Según la presidenta de la Asociación de Mayores “Virgen de Guía”, María José Romero, esta celebración es “un saludo de bienvenida a la Primavera”.

De Lucía Suárez para villanuevadelduque.com

De la Calera al Calerín

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Texto: José Sánchez Fernández Fotografía: Lucía Suárez

De la leña al carbón.-

Tiempos atrás la cal era uno de los elementos imprescindibles de aquella sociedad. La cal se utilizaba, entre otras aplicaciones, para hacer argamasa o mezcla para construir las tradicionales casas de piedra de nuestros pueblos. También se utilizaba para neutralizar los suelos ácidos con el calcio que la cal aportaba. Los troncos de viñas y olivos se encalaban para desinfectarlos, al igual que los establos del ganado. Y por supuesto, ¿en qué casa no había una tinaja con cal para encalar las paredes de nuestras casas y cortijos?

Horno de cal o calera de leña.-

Consiste en una excavación en forma de hoyo, realizada sobre un talud natural del terreno con paredes de ladrillo o adobes; de un diámetro de 2 metros aproximadamente y una profundidad de 3 metros. En el primer metro inferior había un pequeño “vaserete” a partir del cual se iniciaba una bóveda de piedra caliza, que era la encargada de sujetar toda la carga pétrea del horno. En dicha bóveda se dejaban unos pequeños orificios para que las llamas de la leña penetraran mejor a través de ellos y calcinasen mejor la carga. En lo alto de la calera se solía colocar algo de leña (chasca), sobre la cual se vertía una capa de barro de unos 10 centímetros para conservar mejor la temperatura.

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Una vez cargado de piedra el horno, se preparaban unos 600 haces de leña (20 o 24 carros) que se aproximaban a la parte inferior de la calera para su calcinación. Los haces se iban introduciendo poco a poco con una horca por un pequeño arco que conectaba el exterior de la parte interior de la bóveda.

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Para realizar una hornada de cal se necesitaban de 3000 a 4000 Kg de piedra caliza. El tiempo de duración de la quema era de 5 a 6 días, durante los cuales el horno alcanzaba una temperatura de entre 900-1000 ºC, dependiendo del tipo de leña. La sierra de nuestro pueblo fue muy prolífera en caleras, ya que pueden observarse hasta diez asentamientos de este tipo localizados por El Viñón, el Barranco de las Caleras, La Romera, etc.

En los años 50, mi padre Juan Sánchez Español, conocido por “Juanito el Calero”, alternaba el “carboneo” con algunas hornadas de cal que hacía por encargo. Pero pronto, se dio cuenta que el sistema de leña tenía los días contados, ya que el desmonte causado por las labores agrícolas lo iban esquilmando gradualmente. Un día, le comentó a mi padre su amigo Pepe “Jeromo”, que en Peñarroya-Pueblonuevo hacían la cal con carbón mineral; no se lo pensó dos veces, se fue a dicha localidad para ver cómo era eso que le habían contado. Y de allí trajo las ideas muy claras.

Calerín.-

En 1952 se comienza a construir el Calerín del Viñón; le ponen ese nombre para diferenciarlo de la calera, ya que aquel pasa a tener otras dimensiones y el combustible es el carbón mineral, en detrimento de la leña. El Calerín está construido sobre una antigua calera, con una altura de llenado de 6 metros y un diámetro de 2,60 metros. En la parte inferior hace como un pequeño embudo, donde 4 o 5 raíles de vagoneta sujetaban las primeras piedras colocadas adecuadamente encima de estos, para empezar el ciclo de funcionamiento.

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Puesta en funcionamiento.-

Consistía en que encima de las primeras piedras que habíamos puesto sobre los raíles, se echaban unos cuantos haces de leña bien distribuida, y a continuación se vertían  sobre la leña 300 o 400 kg de carbón (que equivalían a 8 o 10 esportones, dependiendo de la calidad del carbón) y de 3 a 4 volquetes de piedra caliza (1200-1500 kg). Siempre la leña y el carbón debían estar bien distribuidos. A cada capa de carbón y piedra le llamábamos “una tanda”.

Y así, tanda sobre tanda, se llenaba hasta la mitad del horno aproximadamente. Entonces era el momento de acceder por la pequeña galería en forma de rampa, que da acceso al fondo del calerín, donde estaban los raíles con las piedras entrelazadas, y con una aulaga en llamas se prendía fuego a la leña. Esta a su vez encendía el carbón y así, iba el fuego ascendiendo paulatinamente hacia arriba. Transcurrido un día y estando ya seguros que el carbón había prendido bien y estando el horno con fuerza, era el momento de seguir echando tandas hasta terminar el llenado del calerín; un total de unas 18 tandas. El motivo por el que se llenaba solo la mitad del calerín en el momento del encendido, era conseguir una buena combustión del carbón al haber una mayor capacidad de aire (respiración).

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Pasados 5 o 6 días, el fuego aparece por arriba y por los bordes laterales. Por la parte baja del horno con el carbón ya quemado, va dando paso al enfriamiento de la cal y las cenizas. Entonces empieza la extracción de la cal. Con un gancho de hierro haciendo una pequeña “L” en la punta y una adecuada empuñadura, el calero observa y con el gancho tira de las primeras piedras sobrepuestas que se habían colocado. Sacadas las primeras piedras, la cal ya cocida descansa sobre los raíles. Estos están colocados de manera horizontal; el calero tira con el gancho, punta hacia arriba, de los terrones de cal. Estos caen en catarata, provocando que todo el horno recalque causando un gran ruido de fricción y unas grandes llamaradas en la parte superior del horno. La cal y cenizas caen a una pequeña base de recogida debajo de los raíles de 1 metro cuadrado, aproximadamente. El tirado o pinchado tenía que ser rápido porque producía una gran polvareda muy difícil de soportar.

Una vez desaparecida esta, se bajaba a la base de recogida y se recogían los terrones de cal ya cocida, a mano. Se solían extraer unos 30 esportones de cal (1400-1600 kg) y unos 6-8 carretillas de mano de ceniza de carbón, que se sacaban entre 4 y 6 “pinchadas”. El motivo por el que se cogían los terrones de cal a mano, era porque la experiencia nos hacía detectar si la cal tenía hueso, debido a la diferencia de peso con los terrones de cal bien cocidos. Que un terrón tuviera hueso significaba que su interior no se había terminado de cocer, y por ello era separado inmediatamente.

Terminada la tarea de extracción de la cal, que era  normalmente cuando los terrones de cal salían incandescentes junto con el carbón, era el momento de subir a la boca del horno para echar nuevas tandas. Esta tarea consistía en reponer por arriba del horno, con piedra caliza y carbón, el hueco que había dejado la extracción de los terrones de cal y carbón.

Por la parte superior del horno, que al haber sido movido por las extracciones anteriores recientes estaba muy fuerte, solía aparecer un anillo incandescente. En este punto el calero debía tener sumo cuidado, ya que si el horno no había recalcado en las mismas proporciones que en lo extraído por abajo, significaba que se había hecho un bloque fundido pegado a las paredes del horno por las fuerte temperaturas que se habían alcanzado (1300-1400 ºC). Esta peligrosa situación ocurría cuando se cambiaba de tipo de carbón, y al ser de mayor calidad de lo que se había previsto, fundía la piedra caliza. A esta situación le llamábamos una “bóveda” que podía ser parcial o total. La bóveda total era muy difícil y peligrosa de despegar; se hacía golpeando con un hierro todo el perímetro superior del horno, realizando pequeños cráteres hasta que se desprendía el material fundido de las paredes. Cuando la bóveda era parcial se podía observar a través de la parte recalcada una burbuja de fuego que salía del centro del horno, con unos colores tan vivos que nunca se olvidan. Afortunadamente las bóvedas no eran muy frecuentes.

El trabajo del calero, duro donde los haya, no era solo hacer la cal; había que bajar a la cantera y hacer con la maza y barrena los agujeros para colocar el barreno de dinamita que rompía las lastras o peñones de piedra caliza de la pedrera. Una vez efectuada la “pega” (explosión), quedaban piedras de diversos tamaños que se despedazaban con maza o almaena (herramienta superior en peso a la maza), para conseguir piezas de tamaño uniforme sin olvidar la palanca y la piocha para poder mover las piedras de más peso. Durante los inviernos, que eran muy duros, había que arreglar los caminos, que los carros con sus ruedas de hierro desbarataban, para que pudieran pasar aquellos viejos camiones con sus cajas de madera. Recuerdo aquel GMC, matrícula M-51918 de Pozoblanco y aquel STEYR de Murillo Leal y el EBRO de José Urbano Sepúlveda, estos dos últimos de Villanueva del Duque.

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La cal del Viñón gozaba de un gran prestigio entre los albañiles de la época, por su viscosidad que daba a la mezcla y por su dureza. Esta se vendía en casi todos los pueblos de a comarca, a almacenes de construcción y a particulares. La cal del Viñón se utilizó en la construcción del ayuntamiento y el colegio Maestro Rogelio Fernández de Villanueva del Duque, la iglesia de San Andrés de Alcaracejos, el mercado de Abastos de Pozoblanco, los cuarteles de la Guardia Civil de El Viso y Dos Torres, etc.

El Calerín del Viñón deja de funcionar sobre el año 1969 por la fuerte incursión del cemento en la construcción, debido a su menor coste y al encarecimiento del carbón.

Mañana, víspera del día 13 de diciembre, Villanueva del Duque iniciará las Fiestas de Santa Lucía

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Mañana, víspera del día 13 de diciembre, Villanueva del Duque celebrará las Fiestas de Santa Lucía, uno de los festejos más antiguos y populares de nuestra localidad. El municipio cuenta desde tiempos remotos con esta Hermandad en honor a la santa italiana. No se sabe exactamente el año de fundación de ésta, aunque sí conocemos que ya en 1841 existía un listado con los devotos de esta advocación. En 1922 se decide hacer unos estatutos, en los que quedan fijados los cargos y las normas de funcionamiento de la Hermandad. A modo de curiosidad, diremos que se trata de una hermandad exclusivamente de varones.

Es más, es habitual que los padres, nada más nacer su hijo, si éste es varón, sea inscrito entre los Hermanos de Santa Lucía, sabiéndose responsables de una tradición de siglos, mantenida y vivida, cada año, dentro de la fe.

12 DE DICIEMBRE: TRIDUO, CATA DE VINO, CANDELORIO, TOSTADOS, ALTRAMUCES Y PITARRA

La celebración comienza en las vísperas de la Santa, cuando a las 15:00 horas, las campanas de la Parroquia de San Mateo comienzan a sonar. En ese instante, el Hermano Primero, que ostenta el honor de portar el Bastón de Mando –este año, D. Pedro Moya Porras— empieza a lanzar cohetes al cielo avisando al resto de los Hermanos para que procedan a hacer lo mismo. De este modo, así lo hace el Hermano Segundo, este año D. José Granados Romero, que porta el Junco; el Hermano Tercero, D. José Rubio Ramos, que porta la Bandera; y, por último, el Hermano Cuarto o de la alabarda, D. José María Caballero Viso, que es también el encargado de los tambores, los cuales prácticamente no dejarán de sonar en dos días.

3            Mientras tanto, las mujeres están ultimando los preparativos en las casas de los Hermanos, donde al mismo tiempo, se están descargando las aulagas para los candelorios. Pero hasta que llegue el encendido de las aulagas, se procede a la conocida como la Primera Recogida. Los Cuatro Hermanos Mayores del año, acuerdan una hora para participar en el último día del Triduo en la Parroquia. Así, es siempre el Hermano de la Alabarda o del Tambor el que irá recogiendo al resto de Hermanos en el siguiente orden: primero, al Abanderado; segundo, al del Junco y, por último, al del Bastón, para ir todos juntos, portando sus insignias y con los redobles de los tambores, hasta la Parroquia.

Una vez finalizan los cultos, regresan respectivamente a sus domicilios siendo acompañados en el orden inverso al que fueron recogidos. Cada uno de ellos, junto a familiares y amigos, deben esperar a que las campanas de la Parroquia de San Mateo empiecen a repicar para poder encender el primer candelorio. Así, las primeras aulagas en arder serán las que se encuentran ubicadas en la puerta de la vivienda del Hermano del Bastón. Será el Hermano Primero el encargado de comunicar, lanzando cohetes al aire, al resto de los Hermanos que ya pueden proceder a encender progresivamente sus respectivos candelorios.

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Una vez que las aulagas empiezan a arder, los tambores son los encargados de avisar para que de comienzo lo que se conoce como la Cata de Vino. En ella, siguiendo el orden habitual, los Hermanos se vuelven a reunir para degustar los vinos que se servirán al día siguiente en el llamado Convite. En este rito, los Hermanos ya no portan sus insignias. Este acto no tiene una duración concreta. Se conversa y se bebe hasta que, una vez más, los Hermanos, en el orden inverso a la recogida, regresan a sus respectivas viviendas. Es a partir de ese instante, cuando ya los Hermanos pueden disfrutar de familiares, amigos y vecinos alrededor del fuego, mientras comparten rondas de tostados, altramuces y porrones de vino de Pitarra.

TRECE DE DICIEMBRE: AUTORIDADES, PROCESIÓN Y CONVITE

                  A las seis de la mañana, el Hermano del Tambor inicia la recogida de los Hermanos Mayores para lo que se conoce como la Cata del Anís. Después de un desayuno con licor de café y mantecados, cada uno de los Hermanos se quedan en sus respectivas casas para prepararse y colocarse sus respectivas insignias. Posteriormente, proceden a recoger a las autoridades de nuestro pueblo en el siguiente orden: Comandante de la Guardia Civil, Juez de Paz, Alcaldesa; y, por último al Consiliario de la Hermandad. Todos juntos, acompañado por el redoble de los tambores, caminan hacia la Parroquia para la posterior Procesión de Santa Lucía.

5            En la procesión, serán los Hermanos Entrantes los encargados de portar la imagen de la Santa; aunque, durante el recorrido, dejan el varal delantero derecho para los otros Hermanos que quieran llevar a Santa Lucía. Tras el recorrido en procesión, se procede a la celebración de una Santa Misa, tras la cual, todos los miembros de la Hermandad, cuyo distintivo actual sea una medalla de Santa Lucía prendida de una cinta roja y colocada en el lado izquierdo de la solapa, participarán en los cuatro convites que los Hermanos Mayores hacen a las puertas de sus domicilios, nuevamente con tostados y altramuces. Curioso es que en este día trece el vino de Pitarra se bebe en unas templaderas de plata y no en porrones como el día anterior alrededor de los candelorios.

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            Al mismo tiempo que se producen los Convites, en el interior de las casas, los Hermanos Mayores, acompañados por las autoridades, toman un aperitivo que, de mutuo acuerdo, han decidido los anfitriones de las cuatro mesas engalanadas. Además, en la entrada de cada casa se prepara otra mesa supletoria en la que los Hermanos Entrantes, custodian de pie la entrada hasta que finaliza cada Convite. Asimismo, mientras duran las rondas los Hermanos que quieren revolotean la Bandera al repique del tambor, haciendo divertidas y arriesgadas volteretas.

2            Terminado el convite, los Hermanos Mayores irán dejando a las autoridades en sus respectivas casas en el orden inverso a la recogida; es decir, primero al Consiliario de la Hermandad; segundo, a la Alcaldesa; tercero, al Juez de Paz; y, por último, al Comandante de la Guardia Civil. Para finalizar, irán a casa del Hermano Mayor Entrante Primero a entregarle el Bastón de Mando; después, al Segundo, al que le harán entrega del Junco; al Tercero, la Bandera y, al Cuarto, la Alabarda y los Tambores.

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De  Lucía Suárez para villanuevadelduque.com

Ruta de Personajes Ilustres: DÑA. JOSEFA FERNÁNDEZ BENÍTEZ

Nuestra segunda placa de la Ruta de Personajes Ilustres que, desde el pasado mes de mayo, podemos realizar por Villanueva del Duque es la que reconoce a Dña. Josefa Fernández Benítez y sus progenitores por su dedicación a la enseñanza en nuestro pueblo.

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De este modo, un 15 de septiembre de 1887 nacía en Villanueva del Duque María Josefa, una niña de fuerte vocación religiosa, muy apegada a sus progenitores y a la cual, sin duda alguna, debemos la construcción de un edificio que forma parte de la historia de nuestro hermoso municipio.

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Sus padres, Francisco Fernández y Francisca Benítez, no quisieron separarse de la que fue su única hija así que, dándole riendas sueltas al sentimiento religioso de su pequeña, decidieron construir un convento en Villanueva del Duque. Para poder hacer realidad ese sueño, tuvieron que vender parte del patrimonio que por entonces tenían e ir comprando alguno de los solares que colindaban con su casa. De esta manera, en 1918 se inauguraba un Colegio de Enseñanza que, desde el principio, estuvo regentado por las Hermanas Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús. Todos lo trámites que tuvieron que realizarse, los efectuó el párroco que, por aquél entonces, tenía nuestro pueblo: Don Guillermo Moreno Romero. Nuestra actual residencia de ancianos –fieles precursores de la sabiduría de la vida— fue, por aquellos años, un recinto repleto de pequeños pupilos con sed de aprender.

La casa de María Josefa Fernández Benítez estuvo siempre comunicada con el colegio a través de los corrales. Nuestro personaje ilustre de este sábado solía ir tres veces al día a la capilla de la escuela para rezar y, entre oraciones, se relacionaba con los pequeños, los cuales no dudaban en llamarla cariñosamente “señorita”. La generosidad de esta familia fue equiparable a cualquier visión mágica desde lo más alto de nuestra sierra. Fueron gigantes los esfuerzos que hicieron para habilitar el colegio sin que faltase detalle alguno. Desde las salas de los colegiales, hasta las dependencias de la Comunidad, y la ornamentación de la nueva capilla, cuyo capellán fue Don José Elías, muy querido por todo el pueblo, y quien vivió en la misma casa de María Josefa, ejerciendo con ella labores de padre y consejero espiritual. Estuvieron siempre al frente de su mantenimiento para que las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús se dedicaran en cuerpo y alma tan sólo a la enseñanza y al bienestar de sus alumnos.

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María Josefa fue una mujer de aspecto señorial y callado que siempre medía sus palabras. En sus oraciones repetía al levantarse: “Señor, que no diga lo que no deba decir, pero que no calle lo que tenga que decir”. Era seria, respetuosa, muy perfeccionista, metódica y ordenada. Le gustaba la música y cantaba muy bien. Le gustaba escribir. A pesar de su posición económica y social, María Josefa vivió una vida austera. Ella misma se cosía sus propios vestidos.

Tras su muerte en 1964, María Josefa Fernández Benítez nombró herederas de todos sus bienes a la Congregación y, desde entonces, el Colegio de Enseñanza pasó a ser una residencia de ancianos, que hoy sigue siendo regentada por las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús. Actualmente, éstas religiosas han convertido la “Residencia de Ancianos Sagrada Familia” en un modernísimo edificio en el que residen más de sesenta personas mayores.

Lucía Suárez para villanuevadelduque.com

 

Un libro ofrece un viaje histórico de 333 páginas por la II República y la Guerra Civil, acariciando la nobleza y el afán de convivencia que derrocharon los Villaduqueños

En la tarde de ayer, Julio R. López González presentó en la Casa de Hermandades su primer libro que, bajo el título “La II República y la Guerra Civil en Villanueva del Duque”, ofrece un viaje histórico de 333 páginas resaltando el afán de convivencia que los villaduqueños derrocharon en aquellos controvertidos, pero aún no olvidados, años de guerra. El antes, el durante y el después, se pueden contemplar a través de estas páginas cargadas de documentación, fotografías y documentos inéditos.

De esta manera, a las 20:30 la Casa de Hermandades se empezó a llenar de vecinos con “sed de historia” de su pueblo. El concejal de cultura del Ayuntamiento de Villanueva del Duque, José A. Agudo Caballero, fue el encargado de presentar a los integrantes invitados al evento. Así, después de presentar a Julio R. López González, autor del ensayo, dio paso a Miguel Barbero Gómez, cronista oficial de la localidad villaduqueña. Barbero dio las gracias a Julio por contribuir a contar y perpetuar la historia del pueblo y por hacer que los más jóvenes tuvieran la oportunidad de conocer la historia de una localidad que durante aquellos años ocupó un papel tan sonado en los medios de comunicación.

Por otra parte, Antonio Jimeno Márquez, editor del blog “Sociedades Binarias” describió, durante la presentación, el libro de Julio R. López como “desapasionado y actualizado”.  En este sentido, el bloguero quiso puntualizar que la poca pasión no era porque el libro no fuera capaz de despertar pasiones entre los lectores, sino porque el autor había pintado en cada línea la objetividad “científica” de un escritor sin alardes militantes. Asimismo, lamentó que se trataba de un libro actual porque, aunque el tiempo hubiera transcurrido, la guerra y sus vestigios todavía seguía latente en la mente de muchos españoles.

Finalmente, el autor de “La II República y la guerra civil en Villanueva del Duque”, regaló a los visitantes toda una presentación del libro. Mediante un Power Point, Julio R. López explicó la metodología seguida para poder compilar éstas 333 páginas inéditas de historia. Después de casi cuatro años de trabajo e investigación, el autor ofrece un recorrido por la II República y la Guerra Civil, presentando cómo influyó, en todos lo sentidos, el cierre de las minas de “El Soldado”.  Asimismo, el autor animó a los lectores a seguir los pies de página de su ensayo, asegurando que “constituyen una segunda historia dentro del libro”.

Después de pedir a los lectores que leyeran el ensayo sin dejarse llevar por las opiniones externas, Julio R. López González dejó abiertas las puertas para que los asistentes pudieran hacerle cualquier tipo de pregunta. En este sentido, cabe destacar, el comentario de una de las vecinas que agradeció al autor que sin ser de Villanueva del Duque dedicara su tiempo a escribir sobre el municipio. A este respecto, López González respondió que, aunque fuera de Coria, se había hecho un hombre en las calles de este pueblo y que por lo tanto se sentía, en cierta manera, Villaduqueño. Julio R. López terminó el evento con una firma de libros multitudinaria.

La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo”. (José Ortega y Gasset, 9 de septiembre de 1931).

Lucía Suárez para villanuevadelduque.com

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Libro de Feria y Fiestas 2015

Un año más les ofrecemos los contenidos del libro de Feria y Fiestas. Para esta edición de 2015 volvemos a contar con la participación de magníficos colaboradores.

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Este es el contenido desglosado por artículos. Clic sobre el título para leerlos.
  1. Saluda de la Alcaldesa.
  2. Reinas 2015.
  3. Buscando Allozo – Miguel Barbero Gómez.
  4. Padre Juan de Jesús María Alamillos Medina – José Caballero Navas.
  5. El antiguo vestido de Nuestra Señora de Guía – Pedro Castelo Luna.
  6. Maestros de nuestras vidas – Julio López González.
  7. La dote – Manuel Moreno Valero.
  8. La vía del tiempo – Alejandro López Andrada.
  9. El reflejo de la historia en los nombres de nuestras calles – Julio López González.
  10. Donantes de sangre de Villanueva del Duque – CRTS Córdoba.
  11. Oficios de mujer en el recuerdo – Lucía Suárez Bilbao.
  12. Programa de Festejos.
  13. Un nuevo libro sobre la historia de Villanueva del Duque.
  14. Asociación amas de casa “María de Guía” – MJRA
  15. Nuestras/vuestras instalaciones “Villaduke Esaventura” – EsAventura.
  16. Un siglo de Avelina – José A. Agudo Caballero
  17. Caritas de la parroquia de Villanueva del Duque.
  18. El comienzo de la cofradía – Pedro Amado Viso.
  19. Vía verde de la minería.
  20. Nuestra asociación de mujeres villaduqueñas – Manuela Ruiz Blanco.
  21. Saludos villaduqueños desde internet.
  22. ¡Hasta siempre! – El médico.
  23. La nueva biblioteca – Lola Salado Caballero.
  24. A la caza de un sueño – Toñi Romero Medina.
  25. Misión País – Elisa Menéndez-Pidal Zabía.
  26. Las vacunas – Mª Angeles García Sánchez.