Pasado el Miércoles de Ceniza, en los dÃas sucesivos que van tomando el sobrenombre de después de ceniza, cuando la preparación de la santa Cuaresma empieza a tomar forma.
Llegadas las primeras vÃsperas del Domingo Primero de Cuaresma, al que seguirán los siguientes domingos cuaresmales, antes de media noche, un grupo de vecinos de Villanueva del Duque, ahora agrupados bajo el nombre de Coral de Mayores Nuestra Señora de GuÃa, toman por asà decirlo, las iluminadas calles para cantar en ellas escenas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, sirviendo de fuente los Evangelios sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas.
Acompañados ahora sólo por el acordeón de Pedro Amado, y recordando a quienes en años anteriores tocaban otros instrumentos musicales, las mujeres toman las notas para empezar a cantar las tentaciones del Señor en el desierto; es el Primer Domingo del Tiempo de Cuaresma, y hay que anunciarlo al vecindario.
Según nos recuerdan, éstas hermosas coplillas religiosas, fueron popularizadas especialmente en el Valle de los Pedroches, por miembros de la Escuela de Cristo, habida cuenta del parecido entre unos y otros pueblos, aunque sin duda, ya estarÃan presentes en el arraigo popular cristiano.
Cuándo las calles están silenciadas del trasiego de vecinos y vehÃculos, cuándo la hora del descanso empieza a notarse tras el trabajo del dÃa, a punto de coger el sueño, o ya en éste, el oÃr estas melodÃas, simples y repetitivas, ayudan a conciliar la conciencia y pensar en lo que la Iglesia pide para éste tiempo: la conversión mirando la Pasión del Hijo del Hombre.
Éste Primer Domingo, el texto se compone de cuatro partes, en las que se narran las Tentaciones de Jesús en el desierto y cómo pudo Él, y nosotros superarlas.
Su recitación es sencilla, pues la misma melodÃa servirá para toda la composición de los sucesivos domingos, al igual que la ejecutada por los auroros o los campanilleros, según el tiempo litúrgico y temática. Su principal finalidad es la de evangelizar de manera sencilla y comprensible sobre lo que en cada uno de los domingos cuaresmales, la Iglesia predicará, haciéndolo de manera popular, y con un lenguaje arcaizante, teniendo la música especial relieve en la narración.
José Caballero Navas
I y II
III y IV


