La solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, Corpus Christi, es para Villanueva del Duque, una de sus expresiones de fe y devoción más significativas, en las que la manifestación popular, se une a la religiosa, en un acto cargado de simbolismo y participación.
Su origen oficial, lo tenemos en la Diócesis de Lieja, en Bélgica, en el año 1.247, pasando años después a ser fiesta para toda la Iglesia, en 1.264, cuando el papa Urbano VI, la establece con litúrgia propia, y su privilegio procesional.
La procesión del SantÃsimo Sacramento por las calles de las localidades, respondÃaCorpu principalmente a dos necesidades de los fieles, una la de poder contemplar a Cristo realmente presente bajo la presencia de pan, habitualmente oculto en su reserva eucarÃstica, y otra la de poder adorarlo como signo principal de nuestra fe, de ahà el hacerlo en la custodia de modo que pudiera ser admirado durante su recorrido.
Para poder adorar a Cristo en esta manifestación fuera de la Misa, antes, ha tenido que nacer dentro de ella. Todo fruto nace del sacrificio redentor de la EucaristÃa, como cena de alimento del cristiano. Es aquà cuando el miembro de cualquiera de las diversas asociaciones eucarÃsticas que existen tiene su sentido, el de adorar, acompañar y testimoniar a Cristo, como eje central y vital de su existir.
Habitualmente, cualquier recorrido procesional se realiza antes de la celebración de la Santa Misa, dándole al mismo tiempo sentido penitencial y testimonial, pero en el caso de la del Corpus Christi, no se desarrolla hasta que no se ha Consagrado el Pan y el Vino, sacrificio de Cristo en el Altar, para salir a las calles como gozo y presencia viva de Cristo Resucitado y vencedor de la muerte.
El DÃa del Señor, como también es conocida esta fiesta, correspondÃa al dicho popular de los Tres Jueves que relucÃan más que el sol, a saber, el Jueves Santo, Corpus Christi y el de la Ascensión. Desde hace bastantes años, estas fiestas móviles de la Iglesia, se han unido al dÃa por excelencia del cristiano, el DOMINGO, en recuerdo de aquél Primer DÃa de la semana en el que Cristo venció a la muerte y al pecado, dándole asà un sentido más unitario y simbólico.
Ahora bien, en el Jueves Santo, celebramos tres acontecimientos principales de nuestra vida espiritual: la Institución del Sacerdocio, la Institución de la Sagrada EucaristÃa, y el DÃa del amor fraterno, derivados todos ellos de Cristo, único pastor. Dado el marco celebrativo del Jueves Santo, como preámbulo del sagrado Triduo Pascual, en un dÃa previo a la conmemoración de la Pasión y Muerte del Señor, el carácter principal festivo de la Resurrección, era evidente que no se podÃa desarrollar en su plenitud en este dÃa concreto, por lo que surgió la necesidad de hacerlo fuera de ese entorno, y darle asà todo el esplendor que se merecÃa.
AsÃ, se establece su ubicación en el calendario litúrgico: a los cincuenta dÃas del Domingo de Resurrección, es el Domingo de Pentecostés, la venida del EspÃritu Santo sobre la Iglesia, y su nacimiento como tal. El domingo anterior, celebramos la Ascensión del Señor al cielo, momento en el que “termina†su acción entre los hombres, para que a partir de ese momento, seamos nosotros los que actuemos en su nombre. El domingo siguiente a Pentecostés, es dÃa de la SantÃsima Trinidad, como fuente, creación y soplo de toda nuestra vida, unida a la de un único Dios y Señor. Y es en el segundo domingo después de Pentecostés, cuando celebramos el Corpus Christi, presencia real y viva de Cristo en su Iglesia.
En el desfile procesional participan y testimonian todas las hermandades y cofradÃas del pueblo, habida cuenta de que aunque sus orÃgenes fundacionales de deban a una advocación del Señor, de la Virgen, o de los santos, todo parte de Cristo EucaristÃa, de la que nace la Iglesia. Las calles de adornan con colgaduras blancas en los balcones, banderitas de un lado a otro de la calle, y por toda la acera, macetas adornan un recorrido que llena todo el suelo de la tÃpica juncia de los arroyos de los alrededores. Delante del SantÃsimo, los niños que han recibido su Primera Comunión unos dÃas antes, abren el desfile entre pétalos de rosas.
Cuando el SantÃsimo Sacramento recorre las calles en la custodia, se detiene en cada una de las mesas que a lo largo del recorrido se instalan, se inciensa como Dios y Rey, y se da la bendición a todos cuantos participan en ese acto, hasta que concluida, regrese de nuevo a la Iglesia Parroquial de San Mateo Apóstol, en donde se hará su reserva en el sagrario.
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José Caballero Navas


